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Por Lucio Albirosa: Armando Tejada Gómez, la perdurabilidad en todas las voces

 

A 26 años de la partida física del poeta mayor de la canción popular, la poesía tejida entre los dedos de quién supo transformar su dolor en belleza vuelve sobre espaldas de la juventud, con bandera de protesta, reclamos y una cuota de amor necesaria para los demás. Compartimos aquí la carta emotiva de otro poeta, escrita con motivo de los 20 años de su paso a la inmortalidad (2012)

 
Mendoza, 3 de noviembre.
 
"Carta para Armando"
 
Estimado compadre:
 
Han pasado ya veinte años desde aquel día en que latigazos de poesía caían sobre lágrimas en el vientre fecundo de la muerte para dejar en los brazos de la eternidad una lápida con el augusto e infinito poema del proletariado.
 
Aquel día, vos también te fuiste del mundo férreo; poeta de los pies descalzos sobre piedra, arcilla y veredas rotas de equidad social. Vos; que tan solo con las primeras luces de tu sangre, cubierto de analfabetismo, supiste ver con ojos y corazón abierto las heridas en todo el conjunto humano de los pueblos, vos; que mamando sonido de cuerdas en cuanto boliche se despertaran tonadas que luego trasladabas al sueño en vibrar y notas para que después ronden en el amanecer bajo los puentes durante tardes sin censura y en la existencia toda. Vos, el de cuyas manos fuertes y rudas acariciaron seis diademas para desvestir un grito arrogante de guitarra y declarar junto a ella, a la misma tierra las mil razones de sus latidos; ya que si bien estaba desde antes, nadie, a excepción de vos, había podido: "…Era el primer, enorme, ademán sin medida: tierra como una orgía.”
 
En esa misma tierra empezaste a tocar las llagas de la injusticia haciendo que tu tinta y voz fueran el clamor rotundo; protesta de todos los gentíos, el llanto de los niños sin importancia, la bandera de los acontecimientos que tocan al círculo ventrílocuo de la pobreza, desazón propia y ajena por ocupar un lugar del mapa indigno que todos conocen y pocos observan…
 
Armando: la bronca de tu pluma se clavó tangiblemente en el centro blanco del poder y tus letras viajaron más allá de la cintura cósmica del sur. Tu reclamo hecho con alma y súbita nostalgia carnal, es justamente hoy la escuela donde nuevos poetas se concentran inmersos en el ruego de sus esperanzados pueblos para gritar sus versos nuevos ante investiduras de indiferencia y ser así las voces que nada callan. Están juntándose todas las voces, todas. Esto seguramente te llena de orgullo, aunque en otros lugares del mundo no escucharon “Canción con todos” y siguen matando personas y palomas.
 
En esta patria no existen quienes puedan discutir que “el mundo en un pañuelo” en conclusión a todos y cada uno de tus sueños en prosa, tus anhelos. Dos décadas han pasado desde que nos dejaste para divagar por el Guaymallén entre greda y sol, mientras que aún por entre las venas del nuevo poema seguís cantando la necesidad de este  suelo; haciendo de la zamba un reclamo, anudando el dolor con un verso.
 
Quedate tranquilo, tu canción se ha salvado del olvido y la tanta censura, los exilios.  Tampoco fue inútil tu juventud de música, la multiplicidad de sentidos de tus letras siguen batallando desde distintos ámbitos, ya sean; cultural, político, musical, social, etc.
 
Te cuento, además, que la Matilde Luna y su flor derramada todavía estalla salpicando estrellas de la danza; los estudiantes universitarios ahora luchan por borrar la miseria de todo plano; que todavía no hay quien le alquile la suerte al dueño de los candados y algunos políticos ingrávidos desean encarcelar la pobreza para excluirla del campanario conservador. 
 
El Pocho Sosa  te sigue interpretando, Daniel Talquenca te presenta con su guitarra en cuanto escenario pisa y una tal Soledad nos invadió de nostalgia con tu “Canción de las simples cosas”. Una escuela lleva tu nombre, también una biblioteca. Un joven poeta escribió “El canto de las injusticias” y se acordó de vos hasta las lágrimas. Siguen habiendo traidores a la vuelta de toda esquina, escuchamos a Guarany y tus “Copleras del prisionero” para sentir aun más la libertad de expresión en la sangre. En la plaza Pedro del Castillo, donde recitabas y escribías la sombra de añejas siestas, hoy se realizan duelos poéticos y todos vamos para ver y escuchar. Siguen volando alto los cóndores para huir de buitres humanos, se sigue bebiendo el vino pródigo de la desdicha. Se levantó un monumento en homenaje a los caciques, a tus ancestros caciques. Un tal René Pérez le sumó rap-protesta a tu canción y, junto a la eterna Mercedes Sosa, revolucionaron todavía mas la conciencia de América Latina para con los niños de la calle. Ahora también se organizan miles de festivales de ideas a plena luz del día, donde nunca falta coherencia, emblemas de lucha y compromiso, cantos y firmezas que; limpia o crudamente, son esperanza ante oscuras falencias, caminos de batalla y escudos ante gubernamentales flaquezas. Todavía hay diablos de colmillos rojos que se quieren comer a las niñas de la buena sociedad. Esto es solo un compendio de tanto que quisiera contarte…
 
Mirá, compadre, todo lo que te cuento!!! Justamente a vos, duende del sufrimiento, poeta de madrugadas, que entre humo danzante de cigarrillos y lagrimas de racimo bajando por tu boca incallable hasta el puente donde cruza delgada la rabia; sentiste los pasos acechantes de la infamia, la clausura de la democracia, justamente a vos; el que dedujo sin pensar el correr sin fatiga de la sangre argenta y debió marchar, sin así quererlo, hacia nubes de otro firmamento para proteger su esencia venerada: la palabra.
 
Armando de América, camarada de la esperanza, descomunal obrero de combativa metáfora: gracias te dan aquellos que lograron a través de tus letras, introvertirse en la injusticia social, en la falta de equidad para con los menos; empaparse con las crisis problemáticas y sociales que nos acaparan. Lo transversal de las necesidades, desde tu poética, se traslada tangiblemente por cada nuevo poema social y sigue fundando en ellos un compromiso de llamado de conciencia e invitación para los tiempos que corren. Se siguen liberando denuncias por tantos olvidos y sus respectivas carencias y desvirtudes. Gracias por habernos preguntado, e invitarnos a preguntarnos a nosotros mismos ¿Qué hacemos o sentimos al notar la problemática de los pequeños dispersos en la calle toda, longitudinaria, del mundo y; como seres íntegros,  maternal o paternal, no asumimos el mínimo grado de responsabilidad para con los niños del desamparo?
 
Tú magnifica traducción lastimera, como pocas, suelta en lo impune de la existencia misma, nos agrupa cada vez más, hoy por hoy. Pero todavía falta expandir más concientización y, de eso se ocupan unos tantos, incluyéndome.
 
Bueno, camarada, me voy a empezar a despedir de vos con la idea cabal de que mi carta es elocuente dentro de tanta sencillez y verdad. Mis hijas están llamándome para que cante junto a ellas, ya empezaron sin mí y las estoy escuchando. Si las vieras!
 
Te dejo un abrazo de gratitud más que merecido por todo lo que hiciste y nos dejaste. Ahora me sumo a las voces de mis pequeñas para acompañarlas en la ultima parte de esa canción que se aprendieron de memoria: “Todas las voces todas / todas las manos todas, / toda la sangre puede / ser canción en el viento. / Canta conmigo, canta / latinoamericano, / libera tu esperanza / con un grito en la voz”.
 
Hasta otro momento, compadre. Me emocionó escribirte.
 
Lucio Albirosa
(poeta y escritor)
 
PD: Dame el grito para que mi tinta no se seque y mi poema no se calle, al igual que vos sigo preocupado, revolucionado y comprometido, sabiendo que: “A esta hora, exactamente, hay un niño en la calle”.
 
3 de noviembre de 2012 

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